¿Cuidados en casa? 9 razones para elegir atención domiciliaria

Los servicios de atención domiciliaria (SAD) orientados a Personas Mayores son un modelo más de cuidado y atención. En este artículo abarcamos sus principales ventajas.

Hay que decirlo: en Mayores Capacidades nos especializamos en la atención domiciliaria, así que es lógico que escribamos un artículo como este. Ahora bien, ¿por qué nos hemos especializado en los cuidados en casa? ¿Por qué no montar un centro de atención o una consulta?

A continuación te explicamos por qué la atención domiciliaria es, a nuestro parecer, el mejor modelo de cuidado para las Personas Mayores.

El domicilio: territorio conocido, territorio seguro

La atención domiciliaria, como indica su nombre, se realiza en un entorno próximo para la persona que necesita cuidados. La comodidad y la seguridad que infunde el domicilio son mucho más altas que en un espacio que nos es desconocido, como puede ser un centro de día.

Ambas cualidades son imperativas para la atención que prestamos a las Personas Mayores: desde la terapia ocupacional utilizamos rutinas cotidianas (por ejemplo, vestirse) para rehabilitar a nuestros pacientes. Esta actividad es mucho más significativa si la hacemos en casa, con nuestra propia ropa y en la intimidad que nos confiere nuestro propio espacio.

Además, recibir atención en nuestro hogar nos aporta más seguridad y autoestima en un momento en el que nuestra salud se encuentra más delicada.

 

Implicación y participación

Como mencionábamos en el punto anterior, realizar actividades de cuidado y rehabilitación en casa son mucho más significativas. Al utilizar las rutinas diarias como parte de la atención domiciliaria, la implicación del paciente aumenta.

Además, la participación en los ejercicios es mayor porque el material utilizado (ropa, libros, objetos sentimentales) son mucho más queridos y especiales para el usuario, ya que son los suyos.

 

Un magnífico (y único) ratio 1:1

Si has pisado un centro de día a lo largo de tu vida, sabrás que la dinámica usual es la de un terapeuta encargado de un grupo reducido de Personas Mayores. Si bien esto favorece el trato personalizado (especialmente, cuando más reducido sea el grupo), no se equipara con el ratio 1:1 que permite la atención domiciliaria.

Al recibir rehabilitación en su hogar, el paciente tiene la completa atención de su terapeuta, quien se centra exclusivamente en las necesidades y retos del usuario. Esto, como veremos más adelante, se traduce en una rápida resolución de problemas reales del día a día.

Además, el ratio 1:1 que permite la atención en casa desarrolla una relación cercana y única entre paciente y terapeuta.

Ventajas de la atención domiciliaria

El papel de la familia

El realizar la atención y rehabilitación en un espacio conocido también beneficia a las familias del paciente. De esta forma, pueden elegir participar activamente en las terapias, siendo un pilar más de la rehabilitación del usuario.

Es más, no sólo pueden participar las familias, sino también el personal cuidador contratado. Esta inclusión permite a los auxiliares ampliar sus conocimientos y la calidad del cuidado que ofrecen a los pacientes, ya que pueden resolver todas sus dudas con la terapeuta.

 

Una terapia adaptada al paciente

Cuando hablamos de “terapia adaptada” nos referimos algo más que a meros ejercicios diseñados para la rehabilitación de un paciente en concreto (algo que toda terapia debería tener de base).

Estamos hablando también de que las terapeutas organizan las sesiones en base a los hábitos, horarios y espacios del usuario. Esto nos permite adaptarnos a las rutinas del paciente, previniendo cambios abruptos e incómodos en su día a día.

 

Soluciones reales

Como mencionábamos al principio, trabajar con un usuario en casa tiene una ventaja muy clara: conocer sus rutinas. Esto nos permite identificar problemas en el día a día doméstico que, en un centro, se nos escaparían.

Ejemplo de ello sería aumentar el nivel de actividad de un paciente que se despierta diariamente a las 12h y empieza el día demasiado tarde. Sus niveles de descanso y de actividad no suelen ser adecuados en comparación con los de una persona que se despierta más temprano y tiene una rutina diaria que le hace gastar mejor la energía. La atención a domicilio nos permitiría ir ajustando poco a poco la rutina de este paciente hasta que su nivel de actividad fuese óptimo, algo que no sería posible de forma personalizada y paulatina en un centro. 

En definitiva, al ser testigos de las rutinas de nuestros pacientes, como terapeutas podemos ofrecer soluciones efectivas in situ a problemáticas reales.

 

Accesibilidad

Muchas veces nos centramos únicamente en la problemática física y/o psicológica a tratar, olvidándonos del propio entorno. Un aspecto muy importante de la rehabilitación y la ocupación de las personas es que su espacio más próximo (en este caso, su hogar) se adapte a sus necesidades.

Debido a nuestra formación, somos capaces de analizar el entorno inmediato de nuestros pacientes y proponer mejoras de accesibilidad y adaptación que les faciliten el día a día. Por ejemplo, si nuestro paciente se ve afectado por una hemiplejia, rediseñamos el espacio y las estancias más importantes, como pueden ser su habitación y su salón, colocando estímulos en el lado afectado: cepillo de dientes, libros, mando de la tele, etc. Esto permite que todo lo que hace nuestro paciente a lo largo del día a día ayude a recuperar y rehabilitar el lado afectado.

 

Visión global

De todas las características que hemos descrito anteriormente, se deduce que la atención domiciliaria permite a la terapeuta conocer a su paciente en detalle. Se sabe de memoria sus rutinas y sus intereses, conoce a su familia y a su entorno cercano.

Todo esto nos permite hacer una valoración del caso mucho más extensa y personalizada que la que pueda darse en un centro, permitiéndonos cambiar el rumbo de la terapia e, incluso, adaptarnos ágilmente a cambios inesperados.

 

Parte del proceso

Por último, la atención en casa involucra directamente al paciente, manteniendo su capacidad de decisión sobre la terapia que va a recibir. Es nuestro objetivo respetar la voz y la autonomía de las Personas Mayores, incluyéndolas de forma integral en todo el proceso. Así la terapia se convierte en una herramienta personalizada y efectiva.

Todas estas características de la atención domiciliaria desembocan en una meta importantísima: fomentar que las Personas Mayores se mantengan autónomas y que desarrollen su vida en su propio domicilio durante el tiempo que ellas deseen.

La edad no debe ser excusa para hacer que una persona abandone su casa, especialmente si existe la posibilidad de fortalecer nuestra salud física y mental desde el domicilio. Después de todo, no hay lugar como el hogar.

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